Cuenta la antigua fábula que un día, en la inmensidad del bosque, estalló un gran incendio. Las llamas devoraban todo a su paso mientras los animales huían despavoridos, paralizados por el miedo y la desesperanza. Entre ellos, un pequeño colibrí volaba de un lado a otro. Tomaba gotas de agua con su diminuto pico y las dejaba caer sobre el fuego.
Los demás animales, sorprendidos y hasta burlones, le dijeron:
—¿Qué crees que haces? Pobre inocente, así jamás lograrás apagar el fuego.
A lo que el colibrí, sin dejar su tarea, respondió:
—Lo sé, pero yo hago mi parte.

