
AQUI SIEMPRE…


Si usted no conoce la verdad acerca de lo que sus clientes necesitan y desean, piensan y sienten, no tomarán las decisiones apropiadas para servirlos. ¿Qué podría ser más obvio? Sin embargo, muchas organizaciones no tratan de buscar la verdad ni la consideran prioritaria. Prefieren pasar sus días en una obstinada ignorancia, basándose en la falsa convicción de que ellos saben todo lo que hay que saber acerca de sus clientes. No siempre es agradable buscar la verdad, porque puede tener bordes afilados, pero si usted no sabe que los tienen puede hacerle un tajo cuando menos se lo espera. Usted verá la sangre al final, cuando sus clientes se marchen precipitadamente.

Del libro: El cliente pone las reglas
Todos hemos visto personas que en ciertas condiciones parecían totalmente felices, y otros en esas mismas condiciones eran totalmente desgraciados e infelices. Las condiciones eran las mismas para ambos. Sin embargo, cada uno percibía su entorno de manera distinta.
Del libro: Donde tus sueños te lleven. Javier Iriondo

Recuerdo una vieja historia de un amigo que fue a visitar un cliente. Nada más entrar por la puerta de la empresa se topó con un perro que estaba tumbado en el suelo. No paraba de hacer extraños gemidos. parecía que estaba enfermo, como si estuviese protestando por algo, y se revolvía y aullaba. Pero no se movía del sitio.
Al encontrarse con el cliente, mi amigo le preguntó qué le pasaba al perro. Éste le respondió que nada, que simplemente se había tumbado encima de un clavo. Entonces, ¿por qué no se mueve? se extrañó mi amigo. “Porque parece que todavía no le duele bastante”, fue la respuesta.
¿Cuántas veces estamos tumbados encima de ese clavo y nos pasamos el día quejándonos? Y, sin embargo, no somos capaces de tomar una decisión y levantarnos.
Del libro: Donde tus sueños te lleven. Javier Iriondo

Sí, la vida no es justa. Algunos colegas se escaquean y tu terminas haciendo el trabajo extra; los jefes pueden carecer de preparación para el puesto que ocupan y por eso son incompetentes y a menudo incoherentes; a todos los idiotas de tu entorno los promocionan; hay demasiado trabajo; hay demasiados sistemas estúpidos; y los idiotas te frustran una y otra vez. Es cierto, la vida es una porquería.
Ahora, cuéntame cómo te ayuda murmurar, en cualquiera de estos escenarios. Cuéntame cómo vas a cambiar una sola cosa mediante la murmuración. No vas a cambiar nada. La protesta es una herramienta para perder el tiempo inventada por gente triste que no
tiene suficiente traba]o. Y generalmente son los que están más próximos a los que murmuran. Puede que sean incluso los mismos y es probable que lo sean. Y que cuando hayan terminado de quejarse empiecen a murmurar.
Quejarse no tiene sentido. Es improductivo y no se consigue nada. Todo lo que consigues con quejarte es:
– Que te identifiquen como una persona insignificante, trivial, tonta.
– Poner una cara de enfado muy poco atractiva.
– Perder el tiempo.
– Convertirte en un imán para otros protestones.
– Forjarte la reputación de que no ofreces nada productivo o que ayude.
– Desmotivarte y entrar en un círculo vicioso.
Pero, ¿qué vas a hacer si eres un protestón habitual? Fácil, asegúrate de que siempre que protestes ofreces una solución a la persona de la que te estás quejando. Si no ves una solución, no te está permitido protestar. Prueba esto durante unas cuantas semanas y dejarás de
protestar de una forma totalmente natural.
Protestar en el sentido de hablar mal de otros es algo que se produce invariablemente a sus espaldas. La próxima vez que sientas la necesidad de protestar contra alguien ve y hazlo en su cara. Si no está presente, no lo hagas. Es una regla sencilla, pero funciona. Si tienes algo que decir, dilo en su cara (pero, primero, considera la introducción a esta regla: si no puedes decir nada agradable, cállate).
Del Libro: Las reglas del trabajo

Los factores organizacionales, el jefe, los compañeros, el trabajo, etc. , contribuyen positiva o negativa mente en la motivación de un sujeto, pero el principal responsable es uno mismo. Tomar conciencia de ello es esencial.
Lo fácil y lo cómodo es buscar culpables, proyectar en otros la responsabilidad y las causas de nuestros males. Si actuamos así estaremos cayendo en un victimismo sin salida. Y esto es un grave error. Son muchas las personas que echan balones fuera, que evitan toda autocrítica y no asumen la responsabilidad que les corresponde.
Si estamos motivados o desmotivados, si tenemos o no energía interior que nos mueva hacia los destinos a los que debemos dirigirnos, el principal mérito o culpa es nuestra. Es cierto que hay factores que contribuyen de forma positiva o negativa, pero la responsabilidad principal es siempre nuestra.
Del libro: Las claves de la dirección

Thomas Alva Edison logró 1093 patentes. pero reflexione durante un momento: para registrar más de 1000 patentes, ¿ cuántas ideas cree que tuvo que haber generado? ¿ y cuántas de ellas tuvieron que ser descartadas? Edison nos enseñó que para la calidad es necesaria la cantidad.
Del libro: piensa como un genio
