EL CAMBIO

Crear una cultura empresarial que valga la pena es bastante más difícil que crear un negocio. La cultura tiene algo del ADN que permite a las empresas adaptarse o desfallecer ante cambios de contexto muy bruscos, como el que nos toca vivir en estos tiempos. Y cambiar una cultura una vez consolidada puede ser incluso más difícil que crearla. A todos nos viene a la cabeza Kodak, capaz de inventar la fotografía de digital, pero incapaz de cambiar su cultura de vendedores de películas de fotografiar. Kodak es
el gran ejemplo de cómo una empresa puede inventar el futuro de su sector, pero no saber aprovecharlo por la incapacidad de cambiar su cultura. Intentarlo lo intentaron; pusieron, además, muchos billones de dólares para conseguirlo. También lo hicieron Motorola o Yahoo! Pero al final las viejas inercias interiorizadas en cada uno de sus empleados pudieron más que todas las propuestas de transformación digital.
Acordémonos una vez más de Peter Drucker: «Culture eats strategy for breakfast» (la cultura se zampa a la estrategia para desayunar). Muchos planes estratégicos, muchas proclamas de transformación digital, se estrellan ante culturas corporativas que se amarran a las viejas inercias e impiden silentemente el cambio. Algunas culturas hacen que el cambio sea siempre un discurso aspiracional, pesan como una losa. Por el
contrario, otras empresas (Amazon, Google o Tesla) hacen del cambio y la innovación el corazón de su cultura. Pero ¿por qué es tan difícil cambiar una cultura de empresa? Pues porque implica cambiar algo importante en cada una de sus personas. El cambio es verdad cuando cambiamos las personas.

Del libro: Esquivar la mediocridad